Mostrando entradas con la etiqueta mujeres actuales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mujeres actuales. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de marzo de 2011

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

8 de marzo.

Con motivo del día de la mujer, y por el compromiso de lucha que tengo para con mi género, me hago una reflexión sobre el papel de la mujer en los cuentos infantiles.

No es necesario pensar mucho para llegar a la conclusión de que Caperucita roja era más cruel, mala y diabólica que el lobo. Que Cenicienta era una tonta de narices, capaz de enamorar por tener un nº de pie pequeño. Que La Bella Durmiente era una mema y una ñoña y Blancanieves una pobre sin instinto de autoprotección.

Por todo esto, pienso que los cuentos infantiles (algunos) nos han educado en la idea de una mujer incapacitada para la vida, poco o nada autosuficiente y de comportamiento más que censurable.

Viajando por la red he encontrado este archivo que me parece de gran interés para los que gusten de reflexionar y para los papás que todavía leen cuentos a sus hijos.

Espero os interese http://www.revistacodice.es/publi_virtuales/i_con_h_mujeres/documentos/comunicaciones/comuLopezCordero.pdf

miércoles, 5 de enero de 2011

Soy una fumadora empedernida

En primer lugar pido disculpas por tener abandonado este blog.
Los quehaceres me acosan y no encuentro el tiempo suficiente para escribir todo lo que quisiera.

Mi tema de hoy es "la ley antitabaco".


Soy una fumadora empedernida. Me confieso culpable de haber empezado a fumar por esnobismo y acabar siendo una enferma adicta. Pero como diría mi madre, algún defecto tenía que tener.
Jamás he defendido ni defenderé el derecho a fumar en cualquier parte, ni nada que pueda resultar molesto a terceras personas. En realidad, yo me odio por fumar; voy al estanco a comprar mi tabaco encabronada, (la estanquera debe pensar que soy imbécil),y pensando que con lo que me gasto en tabaco, cada mes me compraría un modelito.
Tampoco voy a argumentar que con tantas prohibiciones, este país se está convirtiendo en un país gris; es como si se estuviera perdiendo la emoción y la ilusión.
Y es que a mí nunca me gustaron las prohibiciones, sobre todo porque suelen dar poder a impresentables e intolerantes.
En el hospital donde trabajo, salíamos a fumar al exterior bajo una escalera de incendios (un rinconcito discreto y oculto) donde echábamos un cigarro y unas risas,
Pero con la nueva ley, hemos tenido que salir del recinto con nuestros uniformes, a una acera por donde pasa gente y nos ve todo el mundo. El coche de Antena 3 paró el otro día y entrevistó a los que allí estaban. Yo he salido esta mañana tres veces (tres cigarros en 7 horas) con mucha vergüenza y un poco humillada.
Algunas enfermeras de las que allí estaban (médicos también) me han contado que un señor que pasaba por allí, ayer las llamó guarras y las mandó a trabajar, y que otra señora para pasar por la acera se puso una mascarilla.
Y digo yo, si no estábamos mejor en el rinconcito discreto donde no molestábamos a nadie, y también digo que se le ha dado con esta ley poder a todos los encabronados, impotentes sexuales, brujas, sociópatas y cascarrabias para resarcirse de sus frustraciones.
Las prohibiciones generan reacciones adversas siempre.
Antes de reprender a un fumador, piensa en las familias que viven directa e indirectamente del tabaco, en los impuestos que pagamos los fumadores y de los que te beneficias tú, pero sobre todo piensa que un fumador es un víctima más de una sociedad de consumo en donde te han vendido siempre lo que han querido y te han convertido en un ser alienado por la publicidad. y el modelo de persona ideal.
Pero como por lo visto los tiempos han cambiado, yo dejaré de fumar. Y con el dinero del tabaco compraré desodorantes y jabones para todos los que les huele la sobaquera, que por cierto, es tan vomitivo, intolerable, y asqueroso como el tabaco.
Esos, esos sí que son guarros…………..

lunes, 20 de septiembre de 2010

EN MENOS DE 50 PALABRAS VI

El mundo no es tan estrecho como parece.
No se puede pasar por el ojo de una aguja, pero sí por el ojo de un huracán.
Lo que se puede y no se puede depende sólo del tamaño del ojo y de los ojos que lo ven.

lunes, 26 de julio de 2010

En menos de 50 palabras V


Vi en un hotel a una mujer musulmana desayunar con el nicab puesto. No se manchaba.
Yo, por no asfixiarme, me unté de mermelada hasta las cejas, y para que constara, me eché el café por encima. Después lloré.

En menos de 50 palabras IV

Siempre se dormía.
Llegaba tarde a todas partes.
Un buen día, al despertar, descubrió que estaba jubilada, sus hijos emancipados y su marido fugado con una alemana.
Miró el reloj y supo que era otra vez la hora de acostarse y dormir.
Pensó: “Mañana será otro día”.

En menos de 50 palabras III

Estaba claro que Pilar gritaba mucho.
Al día siguiente todos los hombres del hotel felicitaron a Pepe en el desayuno.
En cambio, a ella, todas las mujeres la miraban con desdén.
Las paredes de los hoteles y las noches ya no son lo que eran.

miércoles, 16 de junio de 2010

Mentiras que parecen verdades

Sé, porque lo he visto con estos ojos, que la desgracia de Andrés era el complemento
que le faltaba para resultar humano.
Imposible ser más inteligente, simpático, atractivo y cautivador para el resto de los mortales. Sobre todo, porque su inteligencia emocional le permitía ver ese otro mundo oculto que se nos escapa casi siempre por darlo todo por sabido, por hecho y por verdad.
Andrés fue atropellado por un tren en un paso a nivel sin barreras recién acabada la carrera de derecho. De tan fatal accidente quedó parapléjico, y con la pierna y el brazo derechos apuntados.
Conocerle podía ser un trago muy amargo, si no fuera porque, al momento, estabas deseando más, mucho más, de él.
Durante el año largo que estuvo ingresado en el hospital, sus amigos y familiares se volcaron en la tarea de retornarlo a la vida cotidiana. Pero, sin lugar a dudas, el artífice de tan ardua tarea fue su novia Mónica.
A los pies de su cama estuvo todo el tiempo, en los momentos de desesperación, en los de abandono, en los de casi morir, pero sobre todo, en el momento de salir a la calle y volver a casa en ese estado.
Andrés consiguió rehacer su vida, no sin complicaciones, y encontró trabajo en un bufete de abogados de gran prestigio. De vez en cuando, volvía a ingresar en el hospital por problemas de escaras, infecciones de orina y su mala circulación sanguínea
Sin embargo, los dos parecían felices, estables y satisfechos con la realidad que les había tocado vivir.
Pero la visita de una prima de Mónica durante los días de Navidad abrió la caja de las mentiras y las verdades.
Volvía de comprar unos regalos cuando sorprendió a Andrés y su prima en la cama.
En aquél instante no podía dar crédito a lo que estaba viendo, los pensamientos se le amontonaban en su cerebro incomprensibles e inauditos:
.-¡Por Dios, pero si le falta una pierna y un brazo!
¡Es un dependiente de mí!
¡Yo, que he renunciado a la vida para dedicársela a él!
¿Así me paga todo lo que me debe?
¿Cómo puede ser capaz de hacerme esto?

Cuando consiguió pronunciar palabra, sólo pudo decir:
.- Tú no tienes compasión.

A lo que Andrés sin levantar la voz, con la paz y la tranquilidad de siempre contestó:

.-En todo este tiempo, ¿quién crees de los dos ha puesto más compasión?


(Me consta que Andrés sigue de pareja con la prima de Mónica desde hace 8 años)

claudieta cabanyal
.

viernes, 11 de junio de 2010

EL DÍA DE UNA MADRE

Pepa salía del trabajo un sábado a las tres de la tarde, víspera del Día de la Madre.

Estaba muy cansada, exhausta, la mañana había sido muy estresante y además llevaba catorce días sin descansar por necesidades de su servicio en el hospital.

Por otra parte estaba tranquila, al menos hoy las niñas habían quedado al cuidado del padre, y no como en otras ocasiones en que las dejaba solas.

Mientras conducía pensó en parar en el supermercado a comprar algunas cosas que le hacían falta, sobre todo el pan y una caja de doce litros de leche. Aunque de repente recordó que el ascensor de su casa estaba estropeado y decidió no cargar demasiado por si todavía no lo habían reparado.

Efectivamente, cuando llegó a su casa, el ascensor no funcionaba y tuvo que subir los seis pisos tan cargada como iba.; con los pies hinchados, que apenas le cabían en los zapatos y esa flojedad en las piernas de cuando no puedes más. Tan sólo deseaba encontrar la casa un poco recogida, las camas hechas, el lavavajillas cargado y los tres ya comidos echando una siesta en el salón. Había dejado los macarrones listos para gratinar y aunque hubieran salido a comprarle el regalo del Día de la Madre, les habría dado tiempo de todo, incluso de cambiar las sábanas de la mayor que a sus 13 años seguía mojando la cama.

Abrió la puerta de su casa ya casi sin aliento. Un olor pestilente a orines le sobresaltó. Cuando llegó al salón estaban los tres en pijama y despeinados, señal evidente de que no habían salido.

-¡Buenas! – dijo- ¿Cómo es que el ascensor sigue estropeado? ¿Es que no has llamado a ascensores Otis?
-Es sábado y hasta el lunes……..-dijo él-
-Pero si ascensores Otis tiene servicio de urgencias las veinticuatro horas del día, todos los días del año. Haz el favor de llamar, o los vecinos se te van a echar encima, que para eso eres el presidente de la comunidad.
¡Ya voy,,,,,,,,,,,,,joooooder!

Cuando Pepa llegó a la cocina, toda la encimera estaba llena de cacharros, la mesa con los restos de la comida y un bote de mayonesa destapado que empezaba a tener una película amarillenta. Dejó la compra y pensó: Voy a hacer como que no lo he visto.

Continuó por el pasillo hacia su habitación y pudo ver como en las tres habitaciones las camas estaban sin hacer y los orines de su hija seguían bajo un sol de justicia. También ahora pensó: Voy a hacer como que no lo he visto.

Se metió en el baño a ducharse, a alguien se le había olvidado vaciar la cisterna tras utilizar el inodoro. Pepa lo hizo y recogió algunos trastos que había por encima del lavabo.

Sé duchó y se metió en la cama a descansar un rato. Conectó el aire acondicionado. Al poco tuvo frío y estiró de la sábana y la colcha, que por lo visto, habían permanecido toda la mañana por los suelos. Fue entonces cuando notó que algo frío y viscoso le recorría la espalda.
Se volvió de repente y con un enorme asco comprobó que el perro había vomitado sobre la colcha. Saltó de la cama y fue hacia el salón como alma que lleva el diablo.
Le gritó a su marido; estaba histérica, de su boca salían toda clase de acusaciones e insultos presa del asco y la rabia.

Él, casi sin inmutarse, le dijo a las niñas:¡ Vámonos a la cocina a ver la tele que con tu madre no se puede vivir! Los tres salieron del salón.

Ella quedó allí, sola, mirando el enorme ventanal de puertas correderas, que ya estaba necesitando una limpieza, y las cortinas descorridas que habían adquirido un color ala de mosca muy evidente.

Abrió la ventana, sacó la cabeza, y respiró hondo. El sol le quemaba la piel y el tráfico le abrasó los oídos.

Adelantó su cabeza y su cuerpo más allá de la cintura, y se dejó caer con la suavidad de una pluma que vuela por el espacio.

Se estampó contra el suelo, y la furgoneta de los técnicos de ascensores Otis, le pasó por encima.

claudieta cabanyal