Haz click sobre la foto para ampliarGracias por visitar el blog de una cocinera incauta que escribe como puede, habla como quiere y cuenta lo que sabe.
domingo, 24 de octubre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
EN MENOS DE 50 PALABRAS VI
El mundo no es tan estrecho como parece.
No se puede pasar por el ojo de una aguja, pero sí por el ojo de un huracán.
Lo que se puede y no se puede depende sólo del tamaño del ojo y de los ojos que lo ven.
No se puede pasar por el ojo de una aguja, pero sí por el ojo de un huracán.
Lo que se puede y no se puede depende sólo del tamaño del ojo y de los ojos que lo ven.
lunes, 26 de julio de 2010
En menos de 50 palabras V
En menos de 50 palabras IV
Siempre se dormía.
Llegaba tarde a todas partes.
Un buen día, al despertar, descubrió que estaba jubilada, sus hijos emancipados y su marido fugado con una alemana.
Miró el reloj y supo que era otra vez la hora de acostarse y dormir.
Pensó: “Mañana será otro día”.
Llegaba tarde a todas partes.
Un buen día, al despertar, descubrió que estaba jubilada, sus hijos emancipados y su marido fugado con una alemana.
Miró el reloj y supo que era otra vez la hora de acostarse y dormir.
Pensó: “Mañana será otro día”.
En menos de 50 palabras III
Estaba claro que Pilar gritaba mucho.
Al día siguiente todos los hombres del hotel felicitaron a Pepe en el desayuno.
En cambio, a ella, todas las mujeres la miraban con desdén.
Las paredes de los hoteles y las noches ya no son lo que eran.
Al día siguiente todos los hombres del hotel felicitaron a Pepe en el desayuno.
En cambio, a ella, todas las mujeres la miraban con desdén.
Las paredes de los hoteles y las noches ya no son lo que eran.
jueves, 1 de julio de 2010
En menos de 50 palabras II
Cuando piropeas a un hombre, siempre hay una amiga de la prima de su novia que te reprende.
Entonces tú te quedas con cara de mono pensando;”Cómo le digo yo a ésta que el muchacho lleva cinco años echándome los tejos y cinco horas intentando meterme mano”
Entonces tú te quedas con cara de mono pensando;”Cómo le digo yo a ésta que el muchacho lleva cinco años echándome los tejos y cinco horas intentando meterme mano”
lunes, 28 de junio de 2010
La primera herramienta
Estudios muy fundamentados de la Universidad de La Laguna (Tenerife), han demostrado que la primera herramienta que inventaron nuestros antepasados más primitivos fue un arnés y que, sin lugar a duda, lo inventó la mujer.
Muchos millones de años antes de nuestra era, diez mil arriba diez mi abajo, el hombre salía a diario a buscarse el sustento, que se reducía a algunos frutos como nueces, y a algunos insectos como lombrices. Para la hembra, el trasiego de subir a los árboles, correr por las planicies o escalar montañas, le suponía un doble esfuerzo puesto que acarreaba con la cría todo el tiempo para darle de comer cada vez que lo pedía.
Esta necesidad primaria hizo que su intelecto se desarrollara más rápido que en el macho, y pensando pensando, fabricó un arnés de lianas y ramas para llevar a su cría colgada de la espalda.
Cuando el hambre ya estaba saciada, el macho arrastraba a la hembra de los pelos hasta la cueva para la cópula. Poco, a poco, la prole iba aumentando, por lo que el arnés no servía de mucho para tantas crías. La mujer, ya no podía salir a buscarse el sustento, que además, ahora debía repartir entre varias bocas.
A excepción del macho, la prole se quedaba en la cueva durante días sin comer ni beber y sin que éste advirtiera que estaban adelgazando y enfermando.
Un buen día, sin saber por qué, llevó a la cueva los frutos más pequeños y ásperos que le habían sobrado de su ingesta, y en ese preciso instante la hembra y sus crías encontraron la manera de sobrevivir.
Pasaría mucho tiempo hasta el descubrimiento del fuego y la fabricación de algunas herramientas para cazar. Y muchísimo tiempo más, para que las mujeres llegáramos a la conclusión de que ellos nunca advierten ni adivinan nada, que hay que pedírselo claramente y además explicarles el como y el por qué lo deben hacer.
Muchos millones de años antes de nuestra era, diez mil arriba diez mi abajo, el hombre salía a diario a buscarse el sustento, que se reducía a algunos frutos como nueces, y a algunos insectos como lombrices. Para la hembra, el trasiego de subir a los árboles, correr por las planicies o escalar montañas, le suponía un doble esfuerzo puesto que acarreaba con la cría todo el tiempo para darle de comer cada vez que lo pedía.
Esta necesidad primaria hizo que su intelecto se desarrollara más rápido que en el macho, y pensando pensando, fabricó un arnés de lianas y ramas para llevar a su cría colgada de la espalda.
Cuando el hambre ya estaba saciada, el macho arrastraba a la hembra de los pelos hasta la cueva para la cópula. Poco, a poco, la prole iba aumentando, por lo que el arnés no servía de mucho para tantas crías. La mujer, ya no podía salir a buscarse el sustento, que además, ahora debía repartir entre varias bocas.
A excepción del macho, la prole se quedaba en la cueva durante días sin comer ni beber y sin que éste advirtiera que estaban adelgazando y enfermando.
Un buen día, sin saber por qué, llevó a la cueva los frutos más pequeños y ásperos que le habían sobrado de su ingesta, y en ese preciso instante la hembra y sus crías encontraron la manera de sobrevivir.
Pasaría mucho tiempo hasta el descubrimiento del fuego y la fabricación de algunas herramientas para cazar. Y muchísimo tiempo más, para que las mujeres llegáramos a la conclusión de que ellos nunca advierten ni adivinan nada, que hay que pedírselo claramente y además explicarles el como y el por qué lo deben hacer.
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